[COLUMNA] “Verdad y justicia”


Dantesco.

Dantesco.

Muchos son los que piden disculpas o perdón por estos días. Otros se niegan y un resto más se divide entre un dolor grabado a fuego y la fría indiferencia. Palabras como la misma ‘perdón’, ‘traición’, ‘cobardía’ y ‘error’ se repiten incesantemente en discusiones cotidianas circulares sin salida, tan monótonas y desesperantes como una eterna rotonda.

Intentar ilusamente cambiar el punto de vista ajeno obviando las vivencias de una vida cargada de experiencias es tan innecesario como querer faltar el respeto a aquellos que por uno u otro camino pretenden seguir con sus quehaceres quizás con un mismo objetivo global, pero desde distintos orígenes sin importar cuan distintos sean.

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando de lo ocurrido hace 40 años, sin embargo en esa búsqueda de objetivos comunes que nos unan al margen de las diferencias, hay dos palabras básicas que siguen estando ausentes y son fundamentales para el llamado proceso de reconciliación: Verdad y justicia. ¿Eso nos convierte en un país de mentirosos e injustos? No, pero la complicidad de la omisión pesará en nuestras conciencias o en la de aquellos que se fueron o se irán sin revelar crímenes que dividieron el alma de un pueblo, que precisamente es lo más sagrado que tenemos pero que como todo en la vida, no valoramos hasta que la vemos ida.

Como piedrecillas en un álbum, no podemos dar vuelta la página sin limpiar esas páginas sucias. Podemos querer soplarlas, intentar limpiarlas y continuar adelante, pero en cada una de esas partículas filosas hay un recordatorio de la infamia y una hipocresía que nos negamos a querer siquiera ver. ‘Mientras no nos haya pasado a nosotros no nos importa’ parece ser la premisa, algo con lo que convivimos cada día y que vemos exacerbado en episodios como este.

Es simplemente insólito que valores tan básicos y humanos como conocer la verdad y obtener justicia actualmente estén vetados por conveniencia. Porque ‘no es bueno’, porque ‘las cosas están bien así’ o porque ‘no ayuda escarbar en el pasado’. El valor de la vida y los maltratos a que es sometida, inclusive al punto de olvidar su paradero final, es nada más que el reflejo del costo de mercado a la baja que tiene el ser humano por estos tiempos, donde su opinión es sólo medida por encuestas, medios parciales y aglutinados, urnas electorales y el sentido de la existencia es tener más para luego irnos sin nada.

Quizás la reconciliación llegue sin que la notemos, en varias generaciones más, de la mano del ingrato olvido. Ese mismo que hoy miramos con desdén pero que amigo del tiempo puede hacer que todo lo pasado sea simplemente eso, un recuerdo y donde en varias décadas la lejanía temporal deje las historias sobre dictadura y marxismo dividiendo sólo a los especialistas, sin que la modernidad detenga a pensar a nuestros nietos sobre quién tuvo razón, simplemente porque ya no vale la pena. Sólo queda esperar o soñar, que por aquellos días la verdad y la justicia sean más tangibles de lo que son hoy, donde las trincheras de orgullo y absurdos códigos de silencio impiden a un país avanzar en su historia con dignidad.

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