[COLUMNA] “El test de La Haya”


por Christian Reyes P.
Las múltiples lecturas de un mapa.

Las múltiples lecturas de un mapa.

Es definitivo e inapelable. Chile cede cerca de 50 mil kilómetros cuadrados de su mar tras la sentencia de la Corte Internacional de Justicia en favor de Perú por el litigio marítimo, que aunque no ve concedidas todas sus aspiraciones obtiene algo que no poseía mientras nuestro país pierde lo que era suyo. Sin embargo, tras el shock inicial hay una decisión interesante y analizable.

Las conjeturas posteriores son múltiples pero las certezas son innegables. Lo que varía y otorga una cantidad impresionante de interpretaciones, son las visiones que se pueden hacer de una resolución judicial viendo el vaso medio lleno o medio vacío según se quiera.

Quizás dentro de las certidumbres está el hecho que lo que comenzó como una demanda marítima de límites finalmente se tornó en una solicitud expresa para que la corte fijara la delimitación. Una derrota inmediata de facto y que admitía sin darse cuenta las ambigüedades anteriores.

Las aristas son demasiadas. La abogada en Derecho Internacional, Paz Zárate, las resumió en varios puntos centrales: un cambio en la frontera actual, la concesión que los tratados existentes no eran claros en materia de límites,  la corte no quedó satisfecha con los argumentos de las partes, se indicó que los temas de fronteras son algo serio, se concluye que hay un acuerdo tácito ocurrido entre 1952 y 1954 que igual es ambiguo, la prueba chilena es fuerte y consistente en las primeras 80 millas (donde está mayoría de los recursos vivos), hay evidencia de acuerdo de frontera después de las 80 millas pero no es inequívoca como en las primeras 80, hubo división para evaluar si acuerdos tácitos tienen tanta validez como los tratados y por último, se justificó el razonamiento de la corte como jurídico sobre la base de las fuentes de las obligaciones en Derecho Internacional, y aunque lo parezca no es salomónico ni equitativo.

De paso a nivel regional hay varios involucrados sin pensarlo. Chile paga con un menospreciado territorio su tranquilidad fronteriza con Perú y de paso deja sola a Colombia tras su reciente desobediencia al tribunal y siembra muchas dudas en Bolivia, nuestro próximo demandante. Por si fuera poco Ecuador deberá evaluar el desconocimiento peruano de los tratados vigentes.

Y aunque no hay una idea clara del por qué se fijó el comienzo de la línea equidistante desde las 80 millas náuticas mar adentro (y por qué no 70, 100 o 120), el hito 1 como referencia del paralelo terrestre es el principal motivo para estar satisfechos, ya que se mantuvo y con ello se estableció una certeza jurídica que no teníamos. Por ello, nuestros especialistas en diplomacia parecen ser quienes mayormente podrían ser criticados.

Si bien en este sentido y por las conclusiones del fallo leído por Peter Tomka hay que estar satisfechos -algo que caló hondo en los más entendidos de Perú que comenzaron celebrando y cuando se dieron cuenta del contenido del fallo reinó el desencanto-, no es menos cierto que quedó de manifiesto la incompetencia de los diplomáticos chilenos que en otras décadas se confiaron en los acuerdos de facto sin reparar en tratados de delimitación claros y explícitos, arriesgando con ello conflictos que hoy florecen por cada frontera de nuestro país. Si a esto sumamos que hace rato Chile no saca cuentas alegres en cuanto a litigios internacionales, que al menos involucren no perder parte del territorio marítimo, terrestre o glaciar, quizás lo peor sea darnos cuenta que no contamos con expertos que expongan o saquen el mejor provecho de nuestros argumentos y febles tratados actuales.

Aunque podamos estar alegres porque han quedado fijada la frontera marítima con nuestro vecino del norte, es triste darse cuenta que Perú no ha suscrito todos los pactos existentes en materia marítima y tampoco se descarta nuevas acciones. Bolivia está a la fila y en abril entregará su memoria sobre su demanda marítima.

Un mapa, con un simple dibujo y una tangente que da para mucho. Recuerda al test de Rorschach con múltiples visiones sobre una misma imagen. Una determinación gradual, compleja y con latitudes aún por determinar, donde Perú comenzó celebrando y ahora se cuestiona qué celebraba y Chile aunque pierde, de algún modo consigue salir airoso. Un test extraño en ese mundo complejo llamado La Haya.

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