[COLUMNA] “La primera piedra”


La renuncia de Claudia Peirano a su nominación como subsecretaria de Educación del futuro gobierno de Michelle Bachelet, apenas 48 horas después que la propia ex Onu Mujer avalara su nombramiento, es un traspié innegable de parte de la Nueva Mayoría en su afán de generar credibilidad y confianza de parte del electorado que los volvió a poner en La Moneda.

El tristemente célebre ‘paso al costado’ de Peirano cerró un capítulo que se abrió con cuestionamientos desde el momento en que se limitó a guardar silencio mientras se hablaba de su ex pareja y su cuestionado rol de sostenedor educacional, así como de la carta que ella suscribió contra la gratuidad universal en la educación.

Pero al margen de lo legítimo de los cuestionamientos o de las omisiones de la contraparte, al analizar al menos otros dos casos de futuras autoridades cuestionadas cabe razonar sobre el sostenido afán fomentado por el anonimato de redes sociales, que nos ha llevado a empeñarnos en escanear la vida del otro donde es más que probable, aparezcan momentos polémicamente interpretables y que sin titubear son apuntados con el dedo.

“Una sociedad como la nuestra es incapaz de dejar pasar dobles estándar, desprolijidades, episodios bochornosos o cuestionables y por supuesto, mucho menos antecedentes penales o causas en proceso”.

Se trata de una situación que se da más allá de los antecedentes por un agarrón de un futuro subsecretario a una mujer en el metro de Santiago. Una escena que no sabemos cómo fue, a quién fue y sólo juzgamos a partir de lo que queremos o nos parece jocosamente adecuado creer. Siendo cierto (o no) misma suerte corre y correrá con los designados a quienes su vida les será arrebatada de la intimidad y pasará a ser examinada como si siempre hubieran sido figuras públicas.

Una sociedad como la nuestra es incapaz de dejar pasar dobles estándar, desprolijidades, episodios bochornosos o cuestionables y por supuesto, mucho menos antecedentes penales o causas en proceso. De hecho, ni siquiera omitimos actos no comprobados en la esfera del mero rumor y que igualmente provocan murmullos y disonancias.

Es un interesante análisis o reflexión entonces tomarnos unos segundos de entre todos esos que usamos para difamar a personas que quizás jamás conoceremos, para pensar qué nos pasaría si nuestra propia vida, nuestras fotos y material público en la red, actos de adolescencia, nuestras convicciones y emociones reflejos, fueran expuestas al juicio público.

No se trata de una defensa de lo indefendible, si no un recordatorio de tantos asesinatos de imagen que hemos visto pasar sin aprender nada. Y si bien en algunos de los recientes cuestionamientos hay antecedentes que pasan por procesos administrativos o judiciales, la presunción de inocencia no puede quedar para la interpretación sólo cuando nos conviene. Después de todo, no es llegar y agarrar la primera piedra y lanzarla, aunque sea gratis, anónimo y en el caso chileno, impune.

Peirano; calló, otorgó y se fue en penumbra.

Peirano; calló, otorgó y se fue en penumbra.

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