[COLUMNA] “¿Mucho o nada que perder?”


chiMucho se habla sobre el reiterado partido de Chile ante Brasil por los octavos de final de la Copa del Mundo (otra vez) y especialmente, sobre lo extra futbolístico. Lo vinculado a las presiones, el arbitraje, la mafia FIFA, las protestas sociales, la cercanía de las elecciones en el país de la samba, etc. No obstante, lo que ocurra este sábado al mediodía es una oportunidad más de conseguir un hito en nuestra historia y la de este deporte que hoy se sitúa tan lejos de la naturaleza simplona con la que alguna vez fue creado.

Las mofas, burlas y el hecho que en las playas de Copacabana den por hecho el paso a la siguiente ronda, siendo más el tema de discusión cuántos goles se le convertirán a Chile que la contingencia ante una eventual eliminación, lleva a la necesaria reflexión de cómo la presión afecta a ambas escuadras y, quiérase o no, a la terna referil designada para el cotejo.

Lo que está juego es un partido de fútbol que no asegura nada más allá del acceso a jugar un quinto partido en la ruta de siete que pretende coronar al campeón, misma suerte que otros equipos buscan aunque de seguro sin el singular marco político-social que posee el encuentro que se disputará en Belo Horizonte.

No cabe duda que Brasil -a quien no le molesta cargar con el rótulo de favorito- es quien asume el protagonismo. Chile en cambio, tiene que perder pero en comparativa, va de chico a grande sin ninguna duda. Es cierto que tenemos una generación dorada, que para la próxima cita estará en su punto de declive, que la siguiente camada no ha brillado como se esperaba pero pese a todo esto, lo que arriesga la verde amarella es el desaire nacional, un gobierno comprometido, una amenaza de revolución social y una maldición pelotera para los mundiales hechos en casa.

La hinchada nacional ha acusado el golpe tras la derrota ante la inteligencia táctica del holandés Van Gaal y como suele ocurrir, pasamos del triunfalismo empedernido a acusar manos negras para ponernos el parche antes de la herida por una eventual eliminación.

La formación parece ser lo de menos. Eso hasta que surge el nombre de Valdivia. Un talento que a ratos parece sobrevalorado y donde la memoria del fanático parece no recordar las sendas derrotas sufridas con el “maguinho” en cancha. Los chispazos borran cualquier yerro, como su irregularidad, su lentitud, la poca credibilidad de los jueces hacia las faltas que le cometen y por cierto, la condición física que posee. Su talento es incuestionable pero apostar todas las fichas ciegamente a su estampa parece tan exagerado como pensar que la FIFA siempre busca perjudicar a Chile.

Tenemos bastante por perder y por eso arriesgamos mucho para llevarnos el premio mayor, pero comparativamente, Brasil es quien pierde más. Por eso la palabra presión será clave en las próximas horas, en la medida que nuestro combinado no “asuma” la derrota como un hecho y los del Scratch a medida que avanza el partido, no encuentren el gol y comiencen a jugar contra el rival, el reloj, los murmullos. Sólo ahí sabremos si los jueces serán o no determinantes, en lo demás, no hay mucho más que perder que lo que miles piensan, ya está perdido. Esa es nuestra fortaleza.

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