[COLUMNA] Bielsas por Gates


depFinalmente Sebastián Dávalos renunció a su cargo como director del Área Sociocultural de la Presidencia, el cual ostentaba de forma ad honorem pero claro, eso lo marginaba de la declaración de intereses que la ley obliga por razones de probidad y como suele ocurrir en Chile, lo que no se impone por reglamentación difícilmente se hace por convicción.

Curiosamente y a propósito de este punto, a cuatro años del fin de la era Bielsa en nuestro país, muchos extrañan su disciplina, esa que puso un precedente de cómo hacer las cosas bien, transparentemente, con rigor y metas, algo que echamos de menos por estos días y como nunca, en la política.

Pero la analogía pelotera no es casual. Tras un reportaje acerca del legado que dejó en el medio nacional la doctrina del técnico rosarino, reflexioné a su vez sobre la necesidad urgente que tenemos de Bielsas en la política; profesionales a tope, concentrados, con un objetivo y principios éticos inclaudicables. Eso por ejemplo podría llevar a los involucrados con ciertas conductas alejadas de la altura de su investidura a no forzar escenarios sucios, vergonzosos y que ponen en tela de juicio la honorabilidad de las instituciones donde se desempeñaron.

Esto apela a que se actúe no por omisión de la ley sino por dignidad y principios. Que lo que no corresponde y se ve mal, se imponga sobre poder torcer las reglas sin romperlas, un vicio que traspasa ámbitos y parece darse por sentado y crece como tumor cancerígeno en la democracia de la cual nos vanagloriamos.

Dávalos se fue, debieran irse otros tantos también. Retirarse no debe ser tampoco sinónimo de impunidad pero urje que el foco moral de nuestros regentes vire a una dirección que sea digna de los cargos que ostentan, que no se oculte entre las lineas a doble espacio de la legislación y que se aprovechen de la condescendencia de los contralores.

Se hace urgente dejar atrás los Pentagate, Nueragate y todas sus derivaciones, y en cambio, intentar siquiera, hacer el esfuerzo por actuar correctamente, como debe ser, independiente si le caes bien o mal a alguien, tener principios éticos es una cualidad incuestionable y valorada de modo transversal.

Solo nos queda guardar la esperanza sobre si algún día podremos cambiar los “Gates” por Bielsas, tipos que actúen por convicción, no por lo que diga u omita una letra impresa en un papel, porque eso -a diferencia de la ética- aguanta mucho.

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