[COLUMNA] “Justos por pecadores”


Photosport / UNO, Cooperativa.clSoy un hincha de equipo chico. Cuando por motivos geográficos no podía ver a mi escuadra de infancia -que estuvo relegada casi tres décadas a segunda y tercera división, visitando poco la capital- reconozco que gané simpatía por otros, pero sin interferir mi deseo de estar en los potreros viajando para apoyar a mis colores. Por eso me cuesta entender que algunos piensen que eso se hace con punzones, estoques y matando al contrario, literalmente. Desangrarlo.

Sin juzgar a los que más que ser seguidores de un equipo, les gusta un club por sus títulos o incluso por su hinchada, quienes realmente generamos un sentimiento con una insignia; por lazos familiares, de orígenes, por afectos varios o por cualquier historia particular, jamás pensaríamos en obtener la victoria a toda costa, pensando en ello como recurso el de saltarse el reglamento, alterar el orden público, dañar la infraestructura y delinquir.

Generaciones pasadas, yendo en familia al estadio a alentar a su Colo Colo querido, a las universidades, los representantes de las colonias con todo su colorido y las particularidades que desde siempre presenta nuestro Chile, son aspectos que por su ausencia en estos días dan para llorar.

Urge que quienes siguen llenándose el bolsillo en clubes que reciben derechos de televisión independiente de los desmanes y tienen una cartera de socios abonados que ya cancelaron sus cuotas, dejen la indolencia de condenar “decorativamente” a los responsables y pasen a las acciones concretas, de lo contrario no quedará otra que pasar a descontar puntos.

Sí, porque cambiar los horarios, poner más carabineros “mancos” (sin atribuciones para hacer nada frente a intentos de homicidio flagrantes), jugar sin público o solamente de un bando, son medidas que no dan resultado. Ahí también el Estado y el Ejecutivo como su representante dan tanta vergüenza como el lamentable espectáculo mismo, porque apuntan a un evento privado pero facilitan estadios construidos con los impuestos y se desentienden del arraigo popular de la actividad y su nivel de convocatoria. Una comodidad culpable.

Así terminamos pagando justos por pecadores. Yo a mi equipo lo voy a ver contra cualquiera que no tenga barras denominadas “bravas”.  Ahí veo familias, niños, abuelos y jóvenes, pero al mismo tiempo que debo restringirme de ir con mi pareja a partidos contra “los grandes” por los riesgos que ello implica, siento pena igualmente por amigos y chilenos anónimos -de cualquier equipo- que no pueden ir con sus hijos por miedo a la intimidación y agresión que sufren por vestir una camiseta.

Lo malo es que volvemos a lo mismo: querellas contra “los que resulten responsables”, ínfima cantidad de detenidos que salen al día siguiente, clubes que no se responsabilizan de sus adherentes aunque deberían, autoridades “condenando”, jugadores “lamentando” pero cosechando los puntos y las primas en dinero, e hinchas que aún portándose bien, no podemos ir al estadio por culpa de los mismos de siempre.

Pagamos justos por pecadores, aunque nunca hayamos tirado una bomba de ruido o atacado a alguien con un estoque. Los dirigentes que convocan a las fiestas donde van delincuentes disfrazados con camisetas de sus clubes y las autoridades que prestan recintos del Estado y ven delinquir en los alrededores, de una vez por todas ¡pónganse serios! Den atribuciones de emergencia a una situación de emergencia con todas sus letras y apliquen medidas de shock, con inversión pero también con rigor.

1

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s