[CRÍTICA URBANA] [A LA CARTA] “Punta Brown: S.O.S. para un icono”

pb1*Esta es una discoteque con una infraestructura como otras que ya no existen en el Santiago actual, sin embargo parece estar encaminándose hacia su trance final.

En los primeros tramos de avenida Recoleta en la comuna de Independencia, se encuentra la discoteque y centro eventos “Punta Brown”, un tremendo lugar para carretear y disfrutar de la noche en la parte centro norte de Santiago, pero que al parecer está cayendo en un abismo desde donde se hace urgente poder rescatarla, aunque para ello la autodeterminación a los cambios es clave.

Desde marzo de 1999 cuando se constituyó la denominada “capital nocturna de Chile” relevando a la entonces disco “Heaven”, este inmueble ha pasado por diversas etapas pero incluso conmueve ver que las dependencias únicas que ocupa no sean aprovechadas y orientadas a un mejor uso de parte del siempre cambiante público. Sigue leyendo

[CRÍTICA URBANA] Plaza de Armas de Santiago: Error de enfoque

Foto: La Tercera.

Foto: La Tercera.

¿1.667 millones de pesos? ¿En serio? A un año y medio del comienzo de su fase de remodelación y tal como ocurre con la plazoleta frente a la Corte Suprema -que merece párrafo aparte- no podemos si no exclamar la piedad y paciencia de todos los santos para entender qué pasa con ese hito urbano llamado Plaza de Armas de Santiago.

En el norte denominadas con nombre de personajes, se trata del centro del centro a partir de la zona metropolitana hacia el sur. Pero en la capital, hace rato que su icono, el denominado “kilómetro cero”, no es más que una cloaca que consume recursos cuantiosos para mejorar su deficiente disposición de espacios.

La explanada de concreto (¡una más!) con puntos verdes y las infaltables palmeras que se ven bien en las maquetas pero distan mucho de prestar un servicio, son la característica del botadero de plata en que se ha convertido ese lugar, hacia el cual lejos de identificarse, los santiaguinos sienten vergüenza.

Plaza de Armas, 1908.

Plaza de Armas, 1908.

Quizás el fin de este sitio sea en el fondo evitar que la gente vaya, quién sabe. Recuerdo una vez que escribí al Metro de Santiago hace más de una década, consultando por qué faltaban asientos en algunas estaciones. La respuesta fue que dichos lugares eran más bien “de paso” y no centros de reunión, ello me lleva a comprender entre líneas alguna razón probable para entender lo que sucede en la actualidad, donde se ha puesto en la palestra el tema de la mendicidad en la zona.

Es cierto que la ciudad ha cambiado y aumentado con creces su población, pero aquello no debiera influir en el estado real de las áreas verdes, la sombra o la seguridad de determinados espacios emblemáticos, ejemplos en Chile y el mundo hay para bien y para mal; recuerdo en Antofagasta la prostitución por todo el centro en las noches, rodeando la plaza, pero también elogio a la Plaza Yungay que aunque sea la del Roto Chileno y actualmente esté caracterizada por la inmigración extranjera, gracias al esfuerzo de los vecinos, es un sitio que cuando se transita caminando o motorizado por sus alrededores, dan ganas de pasar a sentarse.

Otras capitales igualmente populosas tienen áreas verdes de ensueño e hitos urbanos bien tenidos, acá seguimos al debe, que duda cabe. Y si bien no es concebible por su naturaleza, contar con juegos infantiles en ella, es imperativo que la Plaza de Armas de Santiago recupere su carácter de paseo peatonal, agradable, casi como panorama y no un lugar donde la gente prácticamente huya por la delincuencia, el mal olor, personas sospechosas o el sol abrazador. Esa, debiera ser la real inversión y no el pozo sin fondo en que está convertida hoy.

Facebook: Fotos históricas de Chile. Color de Maui Gacitúa.

Plaza de Armas, 1930. / Facebook: Fotos históricas de Chile. Color de Maui Gacitúa.

[CRÍTICA URBANA] “Luces pop en San Lázaro, otro atentado urbano”

No deja de llamarme la atención la tendencia del último tiempo donde en distintos iconos urbanos se han convertido en una suerte de evocación pop de auroras boreales artificiales, como si lo aplicado a emblemas mundiales como la Torre Eiffel pudieran ser adecuados a nuestra realidad sin el menor análisis de realidad y entorno previos.

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La Parroquia de San Lázaro en los límites del barrio Universitario y en la entrada del entorno de Toesca -vaya analogía-, es reconocida como una estructura que al margen de su solemnidad clerical es monumento nacional y un referente del entorno de Avenida Ejército Libertador desde su reconstrucción en la década del 30 en el siglo pasado. Sin embargo por estos días, sucumbió a la moda de las luces multicolores.

Desde hace rato que la colocación de luces de colores ha venido a intentar sacar de la inercia o pensar en sacar de lo desapercibido a diferentes hitos urbanos de Santiago. Cuando se hizo con la torre Entel, nadie lo consideró particularmente fuera de lugar por tratarse de una estructura moderna y ligada a las telecomunicaciones en constante cambio. Luego la Virgen del Cerro San Cristóbal nos pareció algo más extraño, para los pocos quienes fijábamos la vista en ella durante unos segundos cada noche notando el cambio de matices.

Pese a estos y otros ejemplos, la Parroquia de San Lázaro encuentra esta iniciativa carente de justificación y por si fuera poco, mal implementada. Lo anterior debido a que sólo se colocó un foco multicolor en el frontis, el cual no ilumina toda la majestuosidad de la estructura ni tampoco se complementa con parte del entorno, es decir, se pierde en el sinsentido.

Una pena que una iglesia preciosa, de las más bellas del país y con historias desconocidas como la de su órgano o el cristo rescatado desde la Primera Guerra Mundial, caiga en modas que aunque cosméticas, son un flaco favor al legado de una ciudad perdida cada vez más en la pirotecnia urbana.

Mientras tanto, la Basílica del Salvador, nuestro Notre Dame criollo sigue esperando su reconstrucción convertida en una gran palomera, con entornos dignos de la Tierra Media, y hay arquitectos que inexplicablemente siguen construyendo edificios Lego uno tras otro, o enseñando en moles sin cuidado del entorno como la Universidad de San Sebastián en Bellavista, un atentado a la obra de Juan Martínez Gutiérrez y su Escuela de Derecho de la Universidad de Chile.

Una mole, un bloque gigante de concreto que tapa el sol a una cuadra y la derecha, la Facultad de  Derecho U. Chile.

Una mole, un bloque gigante de concreto que tapa el sol a una cuadra y la derecha, la Facultad de Derecho U. Chile.

[CRÍTICA URBANA] Regurgitación urbana de feriado

Ni chicha ni limonada...

Hoy me vine caminando desde el centro de Santiago a mi sucucho y vi una vez más en la cloaca que han convertido la Plaza de Armas. Es compartido, lo mitad de lo deprimente corresponde a la superficie del lugar y la otra mitad es la gente de la plaza. Tristes, viciosos, ociosos, cansados, decaídos y marginados. Una mezcla muy poco agraciada de componentes. Pensar que es el lugar más visitado por los turistas.

Recuerdo que hace tiempo le mencionaba algo al respecto a alguien, sobre que en el norte por ejemplo las plazas centrales no se llaman ‘ de Armas’, sino que tienen nombres propios y eso las hace especiales: Plaza Prat (Iquique), Plaza  Colón (Arica y Antofagasta), etc.

En la zona centro y sur la cosa cambia con una fuerte influencia colonial, en el norte es más bien herencia de época dorada del salitre u otras bonanzas que por hoy se extrañan.

Santiago tiene potencial pero a nivel de autoridades y los sobrevalorados arquitectos hace décadas hay cosas que se hacen grotescamente mal. Es cosa de darse una vuelta por Bellavista y ver esa monstrosidad de Universidad San Sebastián, profesando urbanismo y arquitectura mientras le quita sol a toda una calle y comparte cuadra con una atrocidad gigante de departamentos. Todos iguales, como caja de zapatos, sin aportar nada. Van años a estudiar y hacen maquetas aparatosas para terminar haciendo todo igual y al menor costo economizando materiales.

Ejemplos como ese hay muchos. Nos falta arquitectura de conjunto acá y en varias otras ciudades. Sobre las personas, noUna desgracia. se puede decir nada porque hablamos mucho de libertad pero a la más mínima expresión comienzan a predicar de discriminación, clasismo u otras pelotudeces propias de lo que se nos viene: la dictadura de las minorías. Respeto para los menos por encima de lo que piensen los más.

Emblema de los sobrevivientes de Yungay.

El Barrio Yungay se cae a pedazos. Zona típica ¿para qué? comprendo que la población flotante es de miles de personas que no tienen por qué adquirir compromisos con su entorno o las propiedades que no son suyas, pero que lindo sería que quienes vienen aportaran algo, dejaran siquiera un poco de sí en mejorar y dejar algo suyo en un barrio tan lindo. Pero de eso nada.

Me gustaría que tal como se habla de los hermanos latinoamericanos, dándoles la bienvenida, invitándolos a unirse fraternalmente a nuestro país y que se yo, también pudieran llenar de colorido las calles, pintaran los rayados sin sentido que se expanden como plaga y tiñeran de colores vivos las gastadas paredes del Santiago antiguo. Pero es un sueño, por ahora suelo ver más porcentaje de desfachatez y altanería que de buena voluntad. Por eso valoro algunos amigos que son así, trabajadores, dispuestos y constructivos.

Este año hay elecciones y temas como el plano regulador y el cuidado de los inmuebles patrimoniales -si no les ofrecen un mall- son omitibles como prioridades. Tengo una pésima imagen de algunos candidatos y por lo menos por ahora no me nace ir a votar por ellos. Como siempre veo ausencia de propuestas de este tipo y mucha panfletografía de sonrisas photoshopeadas, de personajes que distan de conocer la realidad de calles en mal estado, llenas de caca de perro, tráfico de drogas en las esquinas sin luz y vecinos de farra con peleas incluídas a mitad de semana. Dudo que estos señores conozcan ese día a día.

Eso.

#corta (o ni tanto)