[CINÉFILO PROMEDIO] “Gladiador”

El inspirador contraataque de la épica

Si hacemos las cosas como deberían ser, acá la descripción decantaría en al menos 12 razones por las cuáles usted debe ver “Gladiador” (2000) de Ridley Scott y que consagra a Russell Crowe como un actor de otro nivel, superlativo, dándole además una esperada renovación a la épica en el cine de hoy.

Comencemos por decir que a diferencia de lo que puedan pensar las chicas, este film sobrepasa lo masculino y llega a todos los segmentos. Por supuesto que resulta más estimulante para los varones por su temática de lucha pero no deja ajenos a los demás. Igualmente su credibilidad histórica se hace fuerte con cada recreación -aún no siendo tan fiel-, cada performance del elenco y la pulcritud de lo que va relatando.

En tercer y cuarto lugar, destacar el guión, riquísimo en profundizar y matizar con personajes y situaciones todo lo que rodea al protagonista, al cual nunca deja solo generando empatía natural. El casting actoral por su parte es casi perfecto y el profesionalismo es elogiable para entregarse a la historia, con antagonismos fuertes y bien trabajados, secundarios al servicio de las partes e interpretando los matices que un relato de este tipo necesita. Russell Crowe y Joaquin Phoenix están increíbles, sobre todo el rol de Comodo.

Todo lo anterior no resultaría tan armónico sin la manija de Ridley Scott, cuyo regocijo para dirigir la película y su resultado final traspasa al espectador. Se da gustos con tomas de su sello, timelapses, ralentizaciones. Es la especialidad de la casa, un plato bien elaborado y para disfrutar con una continuidad de ritmo como pocas veces se ve. Como sexto punto añadir la musicalización de Hans Zimmer y Lisa Gerrard, recordadas hasta hoy entre las grandes e inspiradoras sonoridades del cine del nuevo milenio. No hay épica si un buen sonido de fondo.

No se puede dejar fuera el tema tecnológico con las ambientaciones visuales y recreaciones computarizadas de nivel, el vestuario y la fotografía. Para enterar la docena agreguen también las coreografías de lucha y como guinda el sólo hecho de revivir la épica en el cine donde no muchas películas alcanzan lo que montones pregonan; Inspiración, drama y batallas con contexto. Todos pueden jugar a agregar o matizar estas u otras observaciones sobre la suerte de “Gladiador”.

Señalemos que un manojo de elogios siempre puede contener algún foco criticable o subjetivo, como su real apego histórico, la comodidad -“entre comillas”- de Crowe en cuanto a desplante en comparación al derroche de Phoenix o lo medido de la rienda del director para el salvajismo que se relata. Todo es opinable sin duda, al final, todo se reduce a gustos. Lo técnico es una base algo más objetiva, pero si no te gusta una película, ni hablar.

¿Un Bonus track? Revisen por ahí la increíble historia detrás del actor Oliver Reed, “Proximus” en la película y el desenlace -con sendo episodio incluido- de sus días en las grabaciones del film.

Recomendación: Excelente. Ridley Scott es el director de orquesta que se da el lujo de llevar adelante una obra completa, redonda, de su gusto y el nuestro,  con intérpretes y elementos de altura y excelencia. 

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[CINE PRÁCTICO] “La gran belleza”

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Las caretas de la bohemia eterna.

Me gustó mucho. Sólo puedo agregar que el estilo, humor y las reflexiones interesantes de esta película que sube al columpio a la pseudo intelectualidad italiana y que se puede replicar perfectamente en otras latitudes, es asertiva y oportuna para el momento actual de las esferas artísticas y su relación de décadas con las figuras de la socialité.

Comparada incluso por algunos con “La dolce vita” (1960), Paolo Sorrentino recrea en “La gran belleza” (2013) los pasos de un verdadero capo, un señor del estilo como Gep Gambardella, el cual pese a tener una vida envidiable por muchos, tiene profundas reflexiones sobre el entorno en el cual se desenvuelve, entre payasos y bufones además de hiper sensibilidades, mentiras y una cortina de traumas y apariencias coloridas.

Bien podríamos encasillarla como comedia dramática, con el sello de un Toni Servillo que nos guía por la bohemia romana tan bien como puede hacerlo quien conoce la ciudad eterna de las siete colinas a sus anchas, y de algún modo -en su estilo- tal como un francés, Jean Paul Jeunet en 2001 nos mostró París desde dentro con “Amelie”, en esta pasada es un italiano el que nos enseña una Roma que no descansa, sus pecados y melancolías.

La superficialidad, los egos, miedos y excentricidades copan esta cinta de más de horas que no esta exenta de bemoles, por ejemplo al hacernos perder el hilo en ciertos tramos, lo cual puede descolocar a cualquiera, más aún a públicos distraídos y que no capten las señales que se relatan.

Los tiempos, gestos, todo cuenta para seguir con coherencia la multiplicidad de mensajes que rodean el peculiar tour de Sorrentino donde Servillo y su elegancia con mezcla de carisma nos toma el pelo y a la vez nos encanta, pues los excesos culpables de los cuales forma parte son de cierto modo, nuestros remordimientos en un mundo de caretas con fecha de caducidad que alejamos a toda costa.

Bella, múltiple, incluso abstracta, este film juega con nosotros y nuestras expectativas, como quien llega a una fiesta donde no conoce a nadie pero al ver la diversión no duda en unirse al jolgorio. Esa anticipación también es devorada por escenas que nos dejan impávidos y queriendo entender el detalle, pero el secreto es captar el todo.

“La gran belleza” es una película que gusta pese a que no cae en facilismos, tiene momentos notables, de personajes curiosamente “desnudos” dentro de su multiplicidad de disfraces y de contrastes como euforias de altura y profundas depresiones. No es excluyente en sus públicos, sin embargo su análisis posterior no obedece a los canones tradicionales, en parte porque roza varios géneros y su comedia es irónica y delatora.

dado5Buena. Un cóctel de exquisita elegancia y mundanidad, al estilo romano.

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